Llegó el día. Aquella tarde se enfrentó a lo que era. Recostó su deteriorado cuerpo en el filo de la silla. Apretó sus labios, dejó caer el mentón y cerró los ojos. Julia trataba de contener su furia. Pero sus esfuerzos por respirar se hacían inútiles, su pecho subía y bajaba espasmódicamente. El aire no le llegaba. Sus manos temblaban y sus piernas se enredaban como raíces. Y el latido. El latido en sus sienes era insoportable, sentía la cabeza a punto de estallar, como una olla exprés. Y explotó. Saltó de la silla, se lanzó a la calle y empezó a correr hacia ninguna parte. Sus piernas eran como dos entes independientes de su cuerpo. No las sentía, sólo sabía que todo lo que estaba a su alrededor pasaba muy rápido. Uno tras otro, Julia iba...
lunes, 17 de enero de 2011
Everything and nothing; J.L. Borges
Publicado por
Silvia Domínguez
,
el
17.1.11
A los veintitantos años fue a Londres. Instintivamente, ya se había adiestrado en el hábito de simular que era alguien, para que no se descubriera su condición de nadie; en Londres encontró la profesión a la que estaba predestinado, la del actor, que en un escenario, juega a ser otro, ante un concurso de personas que juegan a tomarlo por aquel otro. Las tareas histriónicas le enseñaron una felicidad singular, acaso la primera que conoció; pero aclamado el último verso y retirado de la escena el último muerto, el odiado sabor de la irrealidad recaía sobre él. Dejaba de ser Ferrex o Tamerlán y volvía a ser nadi...
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